
Stranger Things: De gustos y disgustos.
Cuando yo tenía 24 años, en 1996, fui al cine al estreno de Seven. Salí impactado, emocionado, tocado e impresionado. Camino de casa, hablando con mis amigos, uno de ellos dijo: “no me ha gustado mucho, tampoco es para tanto”. Yo le miré espantado y me lancé a un ejercicio que más de espadachinaje verbal fue de ataque furibundo con mazas tipo Conan el Bárbaro. Como de tantas idioteces de juventud, es una de las cosas de las que me arrepiento
profundamente.
El tiempo, la edad, la
experiencia o
simplemente la madurez
adulta, me ha dado
perspectiva, cierto temple
(cierto equivale a no
siempre) para respetar la
opinión distinta a la mía.
Sobre todo, en el mundo de los gustos artísticos.
No existe una verdad artística universal, por mucho que alguien pueda surfear por explicaciones doctas sobre los sostenidos magistrales de la Quinta Sinfonía de Beethoven o los mensajes ocultos en cada página del Nombre de la Rosa de Humberto Eco.
No.
Es opinión, no certeza.
Da igual que hayas leído mil novelas o que hayas estudiado música, en todo caso serás capaz de desentrañar el oficio, la estructura trabajada detrás de lo que para mí es música sin más (que puede hacerme llorar o ni siquiera emocionarme).
Si te gusta una película de la franquicia Marvel no eres peor crítico cinematográfico que el que adora Ciudadano Kane, de hecho, puedes amar ambas películas. El arte es entretenimiento y comunicación. El artista expresa algo que puede llegarte o que puede naufragar en el intento.
No importa.
Yo soy de los que creen que
disfrutar de algo (una banana
pegada con cinta americana en
una pared, el Gernika o el
Réquiem de Mozart) no
requiere conocimiento sino
simplemente humanidad.
El arte en todas sus formas nos hace humanos. Es algo que aprendí en la pandemia de 2020, cuando miles de fondos bibliográficos compartieron de forma gratuita sus contenidos, cuando el video de un chef haciendo pizza en su casa nos daba la vida.
A mí me encanta Stranger Things (lo cual podría justificar o explicar, pero carece de sentido hacerlo). Puede gustarte la historia o no, pueden gustarte las actuaciones o no, puede gustarte el desarrollo de ciertos personajes o no, puede gustarte lo que los Duffer quieran comunicarte o no, pero da igual. Es tu gusto. Personal e intransferible, tan válido como el mío.
Respetemos, al menos, eso.
(c) Andrés Cortés Caballero 2025

